lunes, 8 de enero de 2018

La participación de la familia es importante en la educación escolar

Preescolar Primaria Secundaria

La responsabilidad de los padres en la formación de sus hijos no cesa cuando los niños cruzan la puerta de la escuela durante el primer día de clases. Para que los niños reciban una formación adecuada e íntegra, lo indicado es que los padres sepan que ellos son los principales educadores de sus hijos y que las carencias de casa no podrán ser suplidas ni por el trabajo de los maestros ni por la presencia de los amigos. 

Si bien es cierto que la escuela resulta vital para que los niños adquieran conocimientos académicos, mejoren sus habilidades de socialización y aprendan a estar en un entorno en el que no están sus familiares, la presencia e involucramiento de los padres y los hermanos aportan muchos otros beneficios para el desarrollo integral del niño. 

Es precisamente en el entorno familiar donde el niño adquiere y fortalece algunas virtudes sumamente importantes para alcanzar la verdadera felicidad: generosidad, desapego, paciencia, responsabilidad, obediencia, respeto, puntualidad, laboriosidad, orden, entre otras. 

Lo ideal es que el colegio y la familia marchen al unísono. La enseñanza recibida en casa, sobre todo en el área de las virtudes, debe verse reflejada también en la metodología del colegio, y al revés. De nada sirve que en la escuela se le exija al niño que sea puntual y responsable, si en su casa ve que sus papás siempre salen tarde para el trabajo o que no cumplen con sus cometidos rutinarios. Del mismo modo, si en casa se exige que se cumpla con el orden o la limpieza, pero en la escuela los profesores permiten que el cuaderno de apuntes o el pupitre sean un desastre, al niño se le va a dificultar conseguir esas virtudes. 

En el ámbito académico, para favorecer el buen desempeño escolar, los padres pueden interesarse por las calificaciones de los hijos, pero no simplemente en el número, sino también en lo que provocó que se apareciera dicha cifra en la boleta. Hay que estar al pendiente del cumplimiento de las tareas y animar a los hijos a hacer buenos trabajos por si solos a partir de determinada edad. 

Para favorecer el desarrollo completo del niño e impulsar el crecimiento académico, toda la familia debe participar en el proceso educativo. Sin embargo, también en esto hay que tener mesura. Lo ideal es evitar convertirse en padres helicópteros, sobreprotectores e intromisivos. 

Estar al pendiente de los hijos no significa estar encima de ellos todo el tiempo, sino tener la disponibilidad para ayudarlos a resolver sus problemas y de contribuir a que su educación sea verdaderamente coherente y completa.

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