martes, 6 de marzo de 2018

¿Tu hijo miente?

Preescolar, Primaria y Secundaria

Imagina este escenario: estás en la sala de tu casa viendo una película con los niños. A la mitad de la cinta, uno de ellos se para y va a la cocina. Dice que tiene hambre y que va a buscar un snack.  De pronto, mientras los protagonistas hacen un descubrimiento crucial para la trama de la historia, tú escuchas un horrible estruendo en la cocina. Te paras y vas corriendo, pensando que algo malo le ocurrió a tu niño. Al entrar a la cocina te das cuenta que muchos de tus platos están rotos, regados en  docenas de pedazos por todo el suelo.

―¿Rompiste los platos?
―No sé. Así estaba cuando yo llegue ―responde el niño con cara de inocente.
― No me mientas. ¿Qué pasó?
―Te juro que así estaba cuando yo llegue.

En esta mini ficción, el niño es culpable de haber roto los platos, pero no es capaz de asumir su responsabilidad… al contrario, miente para evitarse un regaño o para aplacar la ira de la madre. Sea cual sea su motivación, lo cierto es que este niño es un mentiroso. Sin embargo, no hay que entrar en pánico.

Aunque la mentira es una práctica desagradable y mala, antes de castigar al niño con severidad, hay que tomar en cuenta qué es lo que lo motiva a mentir en una situación específica. En el caso planteado en los párrafos anteriores, muchas pudieron haber sido las motivaciones.

Antes de que el problema de la mentira escale, los padres deben corregir el problema cuando el hijo aún es pequeño. La edad y la gravedad de las mentiras también deben tomarse en cuenta. Si un hijo pequeño niega haberse comido toda una caja de chocolates, pero las manchas cafés alrededor de su boca y encima de sus pijamas dicen lo contrario, hay que hacer una leve amonestación. Es fundamental que los niños aprendan a decir la verdad precisamente en los momentos cuando más cuesta.

No hay que dejar pasar las mentirillas blancas. Con el paso del tiempo, si no se le corrige, el niño podría comenzar a decir y hacer cosas deshonestas más fuertes y perjudiciales: falsificar la firma de los padres, mentir sobre su desempeño escolar, herir a otras personas al levantar falsos… Y esto destruye la confianza.

Si tu hijo dice algunas mentiras piadosas, no entres en pánico. Lo mejor que puedes hacer es tratar de corregir esta conducta: felicítalo cuando diga la verdad, sustituye las preguntas por afirmaciones (¡Rompiste los platos!) y pon el ejemplo. Este último punto es quizá el más importante. No animes las mentiras de sus hijos (si me buscan por el teléfono, di que no estoy) y di la verdad… aunque a ti también te cueste.

Brinda la mejor educación Preescolar, Primaria y Secundaria en el Colegio Británico.

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